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martes, marzo 13, 2012

Roger Waters - The Wall Live - 09/03/2012 - Estadio River Plate - Buenos Aires - Argentina


Entre el asombro y la emoción

Asistir a uno de los shows de la gira The Wall Live de Roger Waters es muchas cosas a la vez: Es, en primera instancia, un bombardeo a los sentidos. Es también un bombardeo a los sentimientos. Es cerrar un círculo que completa la obra. Y también, y en definitiva, es presenciar una versión dramatizada, musicalizada y “espectacularizada” de la vida del propio Waters.


Pero, como decía Jack, vamos por partes. Lo primero y más notorio del show de The Wall es la puesta en escena. Les puedo asegurar, casi sin riesgo a equivocarme, que NUNCA antes vieron o escucharon algo así. Obviamente lo primero que impacta es el muro, que comienza a medio armar, y que gracias a una nueva tecnología de proyectores es utilizado a manera de pantalla con una definición inaudita. Esta “pantalla” es aprovechada para proyectar al mismo Waters en tiempo real con una calidad tal que parece sacado de una película. También se proyectan sobre el muro partes de la película (sobre todo la parte animada de la misma), consignas que refuerzan en muchos casos el sentido que Roger intenta darle a la canción, algunas de ellas en español; e incluso se transforma en ocasiones en una pantalla con elementos animados con los que el mismo Waters interactúa. De todas maneras, lo visual no se limita al muro y sus proyecciones. Todo lo demás que se puede esperar, está. Los fuegos artificiales, las banderas flameando, los muñecos gigantes, el cerdo volador, todo. No quiero adelantar mucho más en este sentido, sobre todo por el hecho de que cuando esta crónica sea subida, todavía faltarán varios de los shows de la serie de 9 que Waters tiene previstos.


El otro impacto inmediato viene por el sonido. Algo que puede parecer obvio al tratarse, al final de cuentas, de un recital en vivo de una banda con una precisión asombrosa. Pero el extra, el plus con el que cuenta este show en este sentido es un sonido cuadrafónico que debe ser bastante difícil de lograr en un estadio abierto de las dimensiones del Monumental, pero que sin embargo contó con toda la claridad que un show de este tipo necesita, sin por eso resignar potencia. Y cabe destacar otro dato, la separación entre los diferentes canales era muy notoria, ya sea que uno estuviese en las primeras filas, al fondo o en una de las plateas del costado. Entonces, los diferentes efectos, sonidos, explosiones, sutilezas instrumentales, voces, etcétera, cumplieron a la perfección con lo que es según mi punto de vista uno de sus objetivos: el de meter a la gente dentro de la historia.

Y por allí viene otro de los puntos que mencioné al principio. The Wall es también un impacto a los sentimientos. Tanto de aquellos fanáticos de Pink Floyd de larga data que no pueden evitar llorar a lágrima suelta, como los que se emocionan por la historia que el show cuenta, por las imágenes que acompañan y muchas veces dan sentido a las canciones, por el fuerte sentido humanista y antibelicista con el que está cargado el show… en fin, muchas cosas que podrían resumirse diciendo que el que presenció The Wall Live y no se emocionó en ningún momento, es porque le corre Bardahl por las venas.

Otra cosa, otro elemento que representa cada show de The Wall, es el cierre definitivo, la tercera pata de la obra como un todo. Primero llegó el disco, que cuasi unánimemente podría ser catalogado como uno de los mejores discos conceptuales de la historia. Muy poco tiempo después, la película llegó para partir cabezas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, con su en aquel entonces novedosa combinación entre film, animación y videoclip de las canciones que iban conformando la trama. Trama de una historia que al momento de ver el recital finalmente va completando los lugares vacíos, va llenando de sentido aquellas cuestiones que tal vez habían quedado un poco en el aire, y por qué no también, actualiza la concepción del mundo en el cual Roger concibió la obra, y la trae hasta nuestros días. El recital puede disfrutarse sin haber visto la película. Incluso puede disfrutarse sin haber escuchado el disco completo, ni saberse de memoria las canciones, tal es la magnitud de la puesta en escena y su calidad. Pero el combo completo, se obtiene cuando uno relaciona cada frase, cada imagen, cada nota de estos 3 elementos (disco, película y show). Que si bien son la misma cosa en esencia, representan elementos separados de un todo que vuelve a ser uno al unirse, y que termina de encontrar su sentido (o cada uno termina de encontrar el sentido que quiera darle), al terminar el show.


Entre las muchas cosas de las que se hablaron cuando se anunció la maratónica serie de recitales, estaba presente el hecho de que Waters emprende una gira mundial de The Wall 30 años después de aparecido el disco, porque hubiera sido técnicamente y financieramente imposible llevar a cabo una empresa semejante en aquella época. Sin embargo, se me ocurre que no es ese el único motivo por el cual esta gira no pudo darse durante la época activa de Floyd. El show de The Wall, el que está por estos momentos invadiendo Buenos Aires, jamás podría haber sido llevado a cabo como una experiencia grupal, sino que tiene necesariamente que girar sobre el eje que el propio Roger Waters representa. No sólo la historia contada refleja la particular cosmovisión de Waters acerca de la vida, de la guerra, del estrellato, del capitalismo; sino que es fundamentalmente un reflejo de su propia vida, como ya dije al comienzo, es una biografía hecha espectáculo, pero fundamentalmente, hecha sensación.




Crónica: Loco Parodi


Fotos: La Web

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