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jueves, noviembre 03, 2011

Dancing Mood - Captain Blue XL - Córdoba - 29/10/2011


DE HUMOR PARA BAILAR


El sábado pasado recordé por un minuto las épocas (bastante lejanas ya) en las cuales comenzaba este camino de ver bandas en vivo, y si por esas casualidades mi abuela estaba en casa en ese momento, inevitablemente me preguntaba si me iba “a ver una orquesta”.

Esta noche, le hubiera dicho: “Sí”

Lo primero que me impactó tras pasar el férreo cordón de cacheo policial en el ingreso al galpón del XL, fue la cantidad de gente. Sinceramente, nunca había visto ese local (que pese a sus deficiencias de sonido, y viendo que la Vieja Usina posiblemente pase a convertirse en un nuevo paseo-shopping, es de lo más grande que puede aspirar una banda que toque en Córdoba, dejando de lado al Orfeo) con una cantidad semejante de gente, que luego de mi ingreso siguió incrementándose hasta, según se dice, agotar la cantidad de entradas dispuestas para la ocasión. La sorpresa fue más grata aún, porque lo que esa marea de gente venía a presenciar era a una banda fundamentalmente instrumental, que venía a presentar su flamante disco triple. Si existe una combinación más anticomercial en términos de mercado, me avisan. Por suerte (o por calidad, o por algún otro factor), la gente respondió con creces a la arriesgada apuesta de Hugo Lobo y los suyos.


Justamente, nombrando al trompetista y líder de la agrupación, se pudo ver a un frontman totalmente agradecido y muy locuaz con el público (lo que me llevó a generar la hipótesis de que el hecho de no cantar le permite tener la garganta intacta para sus intercambios con el público). Frontman que llevó adelante a una numerosa, talentosa y ajustada big band, que por espacio de más de 2 horas paseó al público presente por muchas (o casi todas, o todas) las variantes de un género cincuentenario como el ska puede ofrecer. Para cumplir con esto, a la trompeta de Lobo se sumaron una flauta traversa, una armónica, dos saxos y tres trombones (entre los cuales estaba el del ilustre invitado especial Fernando Alvareda, cuyo nombre nos suena de tanto nombrarlo Vicentico antes de los solos de trombón de tanto hit Cadillac), conformando una primera línea de vientos. En la parte trasera de la disposición escénica, pero obviamente no menos importantes, la banda se completó con dos tecladistas, batería, bajo, guitarra y percusión.


Para ponerle un moño de lujo a este terrible combo sonoro, se llegó hasta Córdoba la espectacular Deborah Dixon, que con su vozarrón le puso alma a las canciones cantadas que Dancing Mood eligió mostrar en la noche del sábado, distribuyendo dosis de fuerza y dulzura, en cantidades y momentos exactos.

No habrá en esta crónica listas ni nombres de temas (se me hace muy difícil retener nombres de temas instrumentales, lo que me lleva a la pregunta de ¿cómo se hace para ponerle nombre a un tema sin letra? Pero eso es terreno para otra discusión).  Lo que sí puedo relatar es la entrega de la banda, advertida desde el mismo inicio del recital por su líder (“miren que vamos a tocar mucho, después van a querer que nos vayamos” o algo por el estilo),  entrega que a su vez fue replicada desde el público, que se bancó estoicamente la hora de espera entre la primera y la segunda parte del recital, espera que se prolongó por problemas de electricidad en el sonido, sin que un alma abandonase el recinto. Hecho este, que propició que Hugo se prodigara aún más en sinceros agradecimientos al público que se quedó hasta el final.


Final que, con la sucesión de hits que la big band argentina entregó, convirtió a la larga pista del Captain Blue XL en una inmensa pista de baile cuasi coreografiado, de miles de personas hipnotizadas  por el ritmo y el color del ska.

Crónica: Loco Parodi

Fotos: Matías Vercelli

jueves, septiembre 22, 2011

Domo en el ciclo de Burdocracia en vivo - Jamais Vu Arte Bar - Córdoba

Lunes de por medio, tenés la oportunidad de apreciar cómo la magia burda de la radio se hace real.

Lunes de por medio Burdocracia sale del Sotano y se le anima a la radio en vivo y en directo desde Jamais-Vu Arte Bar, Marcelo T de Alvear esquina Laprida de la ciudad de Córdoba.

Lunes de por medio, desde las 21, lo que siempre escuchás por www.elsotanorock.com.ar lo podés ver pasar ante tus ojos, cerveza mediante y como si todo esto fuera poco, con la visita de una banda que no sólo se prenderá a las hilarantes entrevistas del inefable trío burdocrático, sino que deleitará a presentes y oyentes con un acústico de alto vuelo.


El pasado lunes fue el turno de la gente de Domo, a quienes aprovechamos para realizarles una jugosa nota donde nos hablan de esa experiencia y de sus planes a futuro, entre los cuales el más inmediato es la presentación el próximo 2 de Octubre, en el Teatro Griego de nuestra ciudad, en el marco de la cuarta edición del festival Tiempos de Cambio Rock, junto a Nostica, Tiempo Perdido, Insolubles Rock, Goliath, Moreno y Luna Motor.

Escuchad y disfrutad.



Texto: Loco Parodi

Nota: Martín Sosa

Foto cortesía de Erika Salgado

domingo, septiembre 05, 2010

O´Connor - Captain Blue - Sábado 28/08




Pocos imaginaban en aquellos tempranos `90 que Claudio O´Connor iba a poder en algún momento sacarse esa pesada mochila que representa el haber sido el cantante de dos de las bandas fundamentales en la historia del heavy argentino, como lo son la ya legendaria Hermética y la innovadora Malón. La supuesta dificultad se encarnaba, sobre todo, porque el áspero sonido de su inconfundible voz ya había quedado marcado a fuego en el inconsciente metalero argentino; como carta de presentación inequívoca de las bandas ya mencionadas, además de muchas veces haber estado destinada a servir de amplificación de las letras de otros autores.




Pese a todo esto, se lanzó Claudio en la búsqueda de un estilo personal que hoy, más de 10 años y 6 discos después, lo ubica en un merecido lugar de privilegio en el panorama del metal nacional. Sabido es que el heavy metal ha sido, históricamente, un género poco proclive a los cambios y evoluciones por parte de los artistas, por eso es también una especie de satisfacción particular el lleno casi completo que mostró el local de Captain Blue el pasado sábado por la noche. Sin la comodidad, pero sin los problemas de sonido que exhibe su hermano mayor XL, el local del Abasto sirvió como marco para una nueva demostración de que se puede abrir la cabeza sin que por esto se pierda la identificación con un legado anterior. Por ello es que son tan pogueadas y coreadas las canciones que ya representan un clásico infaltable de la carrera de O´Connor como los históricos temas de Hermética que la banda regala en cada presentación. Banda que, pese a llevar como nombre el apellido de su cantante, no descansa solamente en los hombros y la hipnótica presencia escénica del mismo, sino que el frontman sabe hábilmente delegar el protagonismo en sus laderos, entre los que se destacó en esa noche el nuevo guitarrista, una extraña mezcla entre Randy Rhoads y Cristian Sancho que salió más que airoso de cada intervención donde su instrumento ganaba el centro de atención de la escena.




En definitiva, una nueva prueba empìrica de que los matices rítmicos y vocales que O´Connor aporta con sus canciones no son, en ningún momento una pérdida de intensidad o de pesadez, sino un agregado de oscuridad y de profundidad, que sumado al poderoso pero cuidado sonido y al baño de realidad pesimista que configuran sus letras, hacen de esta banda uno de los números más cautivantes para presenciar en la escena metalera nacional, y la noche del pasado sábado no fue una excepción.

Texto: Luis Parodi / Fotos: Tomás Torres

martes, abril 14, 2015

O'Connor - Sábado 11 de abril - Refugio Guernica - Córdoba



Se Extraña Araña
 

Largo tiempo había pasado de la última vez que la banda más personal de Claudio O'Connor se subiera a un escenario cordobés. Quizás esa espera pareció aún más amplia debido al, por lo menos aparente, afecto mutuo que existe entre el cantante y el público cordobés. Así fue como el pasado sábado y luego del impasse que significó resucitar a Malón, público y cantor volvieron a verse las caras.



Al llegar al recinto del Abasto ya sonaba desde el escenario la potente propuesta de Seven Sins, la última de las bandas locales encargadas de ir prendiendo el fuego de la noche. Haciendo gala de un sonido no solamente granítico, sino también sorprendentemente claro (para lo que lamentablemente suele suceder muchas veces con las bandas soporte) y de la áspera voz de su cantante, se configuraron como una banda a anotar para seguir en el panorama del heavy cordobés.

Sin que medie demasiado tiempo de espera, La Bestia tomó el escenario. La primera diferencia con anteriores presentaciones es visual: el desaforado estilo escénico y de vestuario de Claudio está rebajado un cambio. La otra diferencia también se ve, pero mucho más se escucha: ya no son uno, sino dos los guitarristas que acompañan el núcleo de la banda que componen el propio O'Connor en las voces, el fundamental Hernán García en bajo (el único otro miembro que está desde el comienzo del grupo y que lleva la batuta en lo musical) y Pablo Naydón en la batería, apuntalando desde atrás no sólo la base, sino también la sección vocal con sus coros.

El show, que se había postergado un día, llegaba con una premonición: O'Connor venía de dar un show maratónico de cerca de 30 canciones, repasando fielmente la discografía de la banda. Sin muchos prolegómenos ni contactos verbales fuera de las canciones, la premisa se fue cumpliendo. Canción a canción, golpe a golpe, se fueron sucediendo las razones por las cuales a muchos todavía nos asombra que la repercusión y la popularidad de esta banda no sea aun mayor. Y eso que, como ya dijimos existe una predilección por el público metalero cordobés que colmó una vez más el Refugio (que, insólitamente, presentaba sus escasos ventiladores apagados, en una nueva noche de verano tardío en la ciudad). 

No tardó en aparecer en la lista el adelanto que hasta ahora se conoce de lo nuevo que se viene de O'Connor. Castigo y Perdón es el nombre del adelanto, y suena como ya estamos acostumbrados de Claudio y compañía, sumando unos aires panterescos en los riffs. Y donde también comienzan a aparecer las posibilidades que puede darle a la banda la incorporación de otra guitarra, cuestión que ya pudimos apreciar en vivo en la fuerza y solidez extra de la que dotaron a los clásicos de la banda; sobre todo en los solos (para los cuales los guitarristas se turnaban, como tratando de mantener un balance).


A esta altura de la carrera y el desarrollo de la banda, pueden darse el gusto de tocar un show de tal extensión sin tener que recurrir a los covers (usualmente clásicos de Hermética) con los que complementaban sus primeros shows. Decimos esto, porque la arrolladora interpretación de Ana No Duerme del Flaco Spinetta es eso, una versión particular que lleva a la canción un poco más allá. No faltaron tampoco esas canciones que elevan el nivel de coreo por parte de la muchachada en un par de decibeles más, y que están parejamente desparramadas por todos los discos: Vida Perra, Caníbal, Rock del Suicida, Sangre Para el Rey, Jungla, Atrapado en la Red, No te Aflijas, y tantas otras más (de las cuales posiblemente cada espectador del recital podría dar una lista distinta).

Obviamente, para el final quedó esa joya del primer disco (y a esta altura, del metal nacional) que es Se Extraña Araña, última ofrenda compartida por banda y público. Después de tanto metal, costará sacarse el zumbido de los oídos. Las canciones, dando vueltas por la cabeza, se quedarán varios días más.


Crónica: Luis Parodi

 

lunes, abril 23, 2012

Presentación del libro El Umbral - Biblioteca Córdoba - Miércoles 25/04

Al ser este blog la versión gráfica, cuasi literaria de ese proyecto que es El Sotano Rock, no podíamos dejar pasar el honor de invitar a todos y a todas a la presentación de la ópera prima literaria de un amigo de la casa.

Más aún cuando uno de nuestros integrantes forma parte de la presentación del libro. 



Pero, por sobre todo, cómo no difundir la presentación de un hecho cultural hecho desde el esfuerzo, pero con el vuelo necesario como para no tener nada que envidiarle a las producciones del mainstream, esas que tienen todo el bombo publicitario detrás.

Sin más, los dejamos con la gacetilla donde podrán ver el resumen del libro que, cuanto menos, promete. Y los datos del autor, que también promete.

Ediciones del Boulevard
invita a Ud./s a la presentación del libro  
EL UMBRAL
de Mariano Diani
que tendrá lugar el miércoles 25 de abril de 2012 a las 19 hs.
en la Biblioteca Córdoba
(27 de Abril 375)
 La presentación estará a cargo de Luis Parodi
EL LIBRO
Mariano Diani nos entrega en este libro una colección de breves relatos signados por la marca de lo siniestro. Los celos, el amor filial y conyugal, la venganza, las pérdidas, o el inescrupuloso oficio del sicario, todo sirve a la hora de componer un surtido muestrario de cuentos en parte crueles, en parte piadosos. Se trata de historias, por lo demás, provistas de una atmósfera melancólica y una añoranza por otros tiempos y otros lugares a los que parecen ignominiosamente confinados sus personajes. También los ambientes y las locaciones en que se sitúan trasuntan vida propia y guardan misteriosos secretos, prestos a rebelarse contra sus inocentes ocupantes. Las tramas avanzan por universos conocidos hasta que, de repente y de manera cifrada, irrumpe lo extraordinario, y hace tambalear el orden preestablecido.
Si todo esto no saciara nuestro apetito por los bajos fondos del espíritu humano y por lo fantástico, hallaremos asimismo pinceladas del policial negro, y filosofía del suspenso. 
EL AUTOR
Mariano Diani nació el 28 de mayo de 1988 en la ciudad de Córdoba, Argentina.
En el año 2005 comenzó a cursar la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba que abandonó por cuestiones de gustos para estudiar Comunicación Visual (Universidad Nacional de Córdoba) en el Colegio Nacional de Montserrat.
Empezó a escribir literatura a la edad de catorce años y a tomar clases en la Biblioteca Córdoba, forjando un estilo que se ve reflejado en El umbral, su primer libro publicado.

Hecha está la invitación, los esperamos!!

martes, julio 05, 2011

Rockumental - Lemmy - 49% motherfucker, 51% son of a bitch


Habitualmente, cuando uno piensa en un rockumental, es decir, en un documental que gira en torno a una banda o una estrella de rock, lo primero que puede venírsele a la mente son fastuosas mansiones, lujosos autos y pulposas señoritas dispuestas a todo por sus ídolos. Uno supone que estas cuestiones hacen a la esencia de lo que, se supone, debe ser la vida de una legendaria estrella de rock. Bien, enLemmy - 51% motherfucker, 49% son of a bitch (título original del documental en cuestión, literalmente traducible a algo así como Lemmy, 51% culiado, 49% hijo de puta) no vamos a encontrar nada de esto. Lo que vamos a encontrar es la humildad y la sencillez (pese a sus incontables excentricidades) de un hombre que ya alcanzó status de leyenda y que a pesar de estar alejado del glamour de la gran vida del rock ´n roll, cuesta imaginarse a alguien que represente de manera más fiel lo que el rock representa.

El mítico frontman de Motörhead sigue viviendo hace más de 20 años en el mismo departamento atestado de memorabilia nazi ("no soy nazi, si los israelitas tuvieran mejores uniformes coleccionaría los de ellos" se lo oye decir) y recuerdos de su larga trayectoria en el mundo de la música, sigue saliendo religiosamente de gira, y sigue grabando nuevos discos cada vez que puede, recolectando a su paso las loas de todos aquellos que vinieron después de él, que hoy son estrellas, pero que aprendieron a serlo imitando la bizarra pose escénica del señor Lemmy Kilmister frente al espejo.

De todas maneras, y aunque la productora de la película tenga como nombre uno de los temas insignia de Motörhead, se alejan de la visión obnubilada del fan y logran retratar en la película las pequeñas miserias que hacen que Lemmy sea ni más ni menos que un ser humano. Grosso, sí, pero ser humano al fin.


Lemmy, la película, dura poco menos de 2 horas donde podremos encontrar además de lo ya expuesto, grabaciones y actuaciones con invitados ilustres como Dave Grohl y los Metallica, hilarantes anécdotas, y la revalidación del título que orgullosamente ostenta Motörhead (con certificación Guinness y todo) de ser la banda que suena más fuerte en el motherfucking planeta. Una opción ideal para tardes lluviosas o de resaca, o las dos cosas juntas, como para que puedas ver cómo se la sigue bancando un tipo de más de 60 años que sale a romper culos desde el escenario casi todas las noches, mientras vos estás ahí, tirado en un sillón, quejándote.





Ah, y si podés resistir la tentación de escuchar mínimo un par de temas de Motörhead por día después de haber visto el documental, avisame cómo hiciste, yo la verdad que no puedo.




Luis Parodi

viernes, diciembre 10, 2010

Stone Temple Pilots Orfeo Superdomo 05-12-2010


La previa a la visita de los Stone Temple Pilots a la ciudad de Córdoba estaba impregnada de la tranquilidad que los domingos a la tarde suelen tener en nuestra ciudad. En parte por esto, en parte quizás por la escasa promoción que se realizó del show, si bien había expectativa entre los que desde temprano se congregaron en el Orfeo para ver a una de las bandas fundamentales en la movida alternativa de los `90, no se palpaba en el aire la ansiedad y la alegría desbocada que sí puede presenciarse en otras presentaciones internacionales que nuestra ciudad ocasionalmente recibe.

De todas maneras, lejos de ser un obstáculo para el disfrute del show, esta tranquilidad y la relativa poca gente que finalmente presenció el show, sirvió para darle un marco de cierta intimidad y comodidad a quienes acudieron a presenciar el show de Weiland y sus secuaces. La velada, para quienes entraron con bastante antelación al show principal, comenzó con el preciso y atrayente show de los locales Ojos de Piedra, que ganaron bastantes adeptos, al menos si nos guiamos por los SMS que podían leerse en ese momento en las pantallas situadas a ambos costados del escenario.

Luego de unos momentos más de espera amenizados por la curiosa ovación del público a uno de los plomos de la banda (que seguramente se llevará como recuerdo de los cordobeses el olé olé olé, gordo, gordo que le dedicó el público del campo), finalmente las luces se apagaron y Eric Kretz, los hermanos DeLeo y el serpenteante Scott Weiland tomaron el escenario y comenzaron a entregarle al público que los aclamaba un largo desfile de clásicos de su época más gloriosa sin dejar de lado los temas que integran su último trabajo, un disco homónimo editado este año que si bien no contiene la avalancha de éxitos que caracterizó a los discos de su etapa pre-separación, representa una continuidad con sus trabajos anteriores, tal como si el tiempo se hubiese detenido en los primeros años de este siglo y esa consabida separación nunca hubiese ocurrido.

Escénicamente, aparte de ese foco magnético de atención que es Weiland, la banda estuvo muy bien secundada (complementada casi) por el impecable trabajo de luces, que aportaron el clima necesario para cada tema, y dentro de cada tema, acompañaron cada corte y cada estribillo de una manera particular.

El resto de los músicos, sin querer quedarse atrás del protagonismo de su frontman, asombraron con largos cuelgues instrumentales que sirvieron como intro o preámbulo a la mayoría de las canciones, sobre todo cada vez que se disponían a interpretar alguno de los grandes clásicos de la banda, entre los cuales obviamente se destacaron temas como Plush o Interstate Love Song como los más coreados de la noche. Fue en la ejecución de estos intermezzos instrumentales donde se pudo apreciar el virtuosismo de los Pilots (sobre todo sorprendió gratamente la pericia y versatilidad del bajista Robert DeLeo), pudiendo escapar por momentos de la exacta interpretación de los temas de su setlist. Pese a haber tenido una duración normal para lo que suelen ser estos recitales, el show dio la impresión de pasar volando, y rápida e inesperadamente llegó el final con Trippin´ On a Hole In a Paper Heart, la despedida con los típicos souvenirs arrojados al público, y ante el no regreso de los músicos a escena el público se resignó a que grandes canciones que faltaron como Creep, Sour Girl o Big Bang Baby no sonaran tampoco en los inexistentes bises a los cuales tanto nos hemos, quizás, malacostumbrado en tantos años de visitas nacionales.

Cronica: Luis Parodi

Fotos: Matias Vercelli

martes, noviembre 13, 2012

Zambayonny - Refugio Guernica - Córdoba, Argentina - 09/11/2012


Un paseo por el lado bizarro


Fueron varias las sorpresas que nos llevamos el pasado viernes a la noche, llegando a Guernica para presenciar por primera vez (en nuestro caso) el show de Zambayonny, esa especie de trovador procaz y enunciador de varias verdades, que arranca -como mínimo- una sonrisa frase de por medio con sus ocurrencias.

Acostumbrado a los shows rockeros de ese recinto tantas veces visitado, lo primero que llamó la atención fue la ausencia de los habituales cuerpos que pululan cerca de la entrada, esperando el comienzo del show. Viendo ese panorama apuramos el ingreso para llevarnos la segunda sorpresa de la noche: el show ya había comenzado (y esto lo admitimos con la frente bien alta, eh), contradiciendo aquel dogma recitalero que dice que los conciertos comienzan 1 o hasta 2 horas después de lo anunciado. A lo mejor este signo de puntualidad es un signo de cambio de los tiempos, o quizás una señal de la idiosincrasia de este recital diferente.

La sorpresa siguiente llegó una vez acomodados: Zambayonny no estaba solo, como acostumbramos a verlo en mil videos de Youtube, o a escucharlo en sus canciones. Esta vez, se presentó con una sólida backing band que le puso un pulso un tanto más rockero a sus composiciones. Una vez asimilado todo esto, llegó la siguiente novedad que nos sacó del contexto acostumbrado: por primera vez en un show en Guernica (por lo menos de los que yo presencié) no había ni una -pero ni una eh, porque me encargué de contarlas- remera rockera entre la audiencia del lugar. En un momento casi pido un pellizcazo para asegurarme de que estaba en el lugar correcto. Pero considerando los contenidos de las letras que estaban sonando, lo pensé dos veces y finalmente desistí, y me dediqué a lo que había ido: presenciar (y por qué no) disfrutar del show.

Ahí nomás fue cuando sobrevinieron otros hallazgos, que no llegaron a ser sorpresas porque ya teníamos algunos indicios de ello: la gran habilidad de Zambayonny no sólo para la rima guaranga y graciosa, sino también la facilidad para hilvanar estribillos de melodías irresistibles y que empujan al coreo masivo (ejemplo más claro: El Último Peaje, oda rutera a la musa Araceli). También puede llegar a sorprender al desprevenido la capacidad vocal de Zamba, con un gran caudal de voz y capaz de llegar -y sostener- a notas generalmente inalcanzables para la mayoría de los mortales.

Yendo concretamente al desarrollo del show en sí, el mismo comenzó con el cantante en compañía de su banda -Bomvivant, compuesta por guitarra, bajo y batería- para luego interpretar un segmento en su formato clásico, solo con su voz y guitarra acústica. La banda volvió a tomar el escenario para interpretar un eléctrico funky de su repertorio, y luego de su descansito el Zamba (como lo llama su público), volvió para la parte final y más agitadora del show.

Acá es cuando llega otra de las sorpresas -quizá la final- de la noche. La mera escena de un grupo de rugbiers de chomba cantando emocionados, al límite de sus gargantas, un estribillo que reza "pero no pude dejar la paja", o poguear sacados al ritmo de "volviste muy, muy puta de Gesell" sin lugar a dudas se constituyó en la imagen descolocada del fin de semana. Es de destacar que uno, esperando más bien un grupo de curiosos, se encontró con una legión de fieles seguidores, que se sabían las letras de pe a pa, incluso mejor que el propio Zambayonny.

Así fue como a la prematura hora de la 1 de la noche, ya encaramos el regreso a casa, con una sonrisa en los labios, comentando las frases más ocurrentes, y con un manojo de imágenes un tanto contradictorias en la cabeza.


Crónica: Luis Parodi

Fotos: Matías Vercelli

lunes, septiembre 05, 2011

Carajo - Captain Blue XL - Córdoba - 30/08/2011

Querés Power??? Tomá!!

Muchas veces escuchamos (o nos enseñaron) que la ubicación de un aparentemente insignificante signo de puntuación puede modificar diametralmente el sentido de una frase. Pero, como toda regla tiene su excepción, para quienes estuvieron el pasado sábado por la noche en el Captain Blue XL “qué fuerte que suena Carajo”, o “qué fuerte que suena, carajo” habría tenido exactamente el mismo sentido.


De todas maneras, más allá del atronador volumen del que suele hacer gala el trío (que en este caso sí le hace honor a la denominación de “power”), lo que se pudo apreciar es que tiraron toda la carne al asador en honor de sus 10 años como banda, celebración en pos de la cual armaron el tour que los trajo nuevamente por Córdoba, y coya fecha coincidió, casualmente, con otra celebración, la del cumpleaños de su baterista Andrés Vilanova, quien recibió obviamente el cariñoso y caluroso feliz cumpleaños de parte de la importante cantidad de gente que se llegó hasta el galpón del abasto.


Por “tirar toda la carne al asador”, hago referencia, entre otras cosas, a la confección de la lista de temas, que repasó obligatoriamente los momentos más altos de cada uno de los 4 discos de estudio de la banda, y que hizo hincapié principalmente a los hits más intensos de dicha discografía, dejando de lado temas más calmados (se echó en falta, por ejemplo, De Frente al Mar). Es decir, palo y a la bolsa, desde aproximadamente la 1 de la mañana, cuando luego de haber pasado los locales Astenia y Synesthesia se corrió el telón, y por casi 2 horas, con 2 pequeños cortes (no se recurrió esta vez a la demagogia de amagar el final para luego volver con los bises) los 3 integrantes de Carajo le pusieron el cuerpo y el alma a sus canciones, siendo cada uno de ellos, y la energía por ellos generada, el centro casi único de la escena, dado que la austera escenografía solo constaba de un gran banner con el nombre de la banda, y los juegos de luces fueron más bien discretos.



Fue una inmejorable oportunidad, entonces, para ratificar la fuerza de unas canciones que, despojadas casi de todo agregado externo, brillaron con luz propia en la noche del sábado, no sólo por su contundencia, sino por la convicción de sus melodías. Algo que puede llegar a sonar contradictorio, pero que se entiende perfectamente cuando a un riff atronador le sigue un estribillo coreable (los temas que abrieron el recital, Ácido y Luna Herida, del último disco, El Mar de las Almas, son un claro ejemplo de esto).


Otra cosa que pudo apreciarse en esa recorrida por la discografía de la banda, es la evolución que las letras de las canciones tuvieron en estos 10 años. Desde aquel clásico “Sacate la Mierda”, y las historias que contaba aquel primer disco, a las mucho más introspectivas de la reciente placa, donde a Corvata se lo oye cantar “sólo el amor te sostendrá”.


Carajo cerró de esta manera una nueva visita a Córdoba, lejana no sólo en tiempo sino en convocatoria de aquella primera presentación donde unos cuantos curiosos se llegaron atraídos por el constante rotar del video de Sacate la Mierda. En más de un sentido, misión cumplida para Corvata, Tery y El Niño, lejos de la parafernalia, pero bien cerca de la música y el sentimiento.




Crónica: Loco Parodi
Fotos: Matías Vercelli

martes, noviembre 30, 2010

Rammstein Estadio Racing ( Argentina ) 27-11-2010


Avellaneda vivía un día atípico. Este sábado 27 de noviembre, no era una marea de camisetas rojas ni celestes y blancas las que poblaban una de las arterias principales a la espera de entrar en uno de los estadios de la ciudad. Una interminable fila de remeras negras venidas de varios rincones del país hicieron ese día latir el corazón del Sur de Buenos Aires al ritmo granítico de Rammstein.


Larga fue entonces la espera pero mucho mayor aún la recompensa cuando, ya en horas de la noche, el telón negro que cubría totalmente el escenario cayó sincronizadamente al sonido de Ramm!!, para dejar paso a una gigantesca bandera alemana, que se mantuvo unos segundos allí, imponente, como para recordarnos a todos lo que habíamos ido a ver y lo que se venía, hasta que el Stein!! que completa el nombre de la banda y que también constituye el estribillo del primer tema interpretado por los berlineses le permitió a la multitud congregada ver finalmente a los seis músicos, dispuestos en prolija formación, ya en plena faena.


No fue casual la elección del tema Rammlied para la apertura del show, tratándose del tema que abre Liebe Ist Fur Alle Da, disco que la banda vino a presentar a nuestro país y que fue tocado casi en su totalidad a lo largo del show. Luego del shock inicial, le siguió casi inmediatamente otro tema de la última placa, después otro más que fue abruptamente interrumpido cuando un asistente le pidió a la banda que interrumpiera su ejecución. La incertidumbre se apoderó de los miles de almas que poblaban el estadio por aproximadamente 10 minutos, donde apenas se pudo escuchar de boca del mismo asistente que había una persona desmayada, presumiblemente entre las primeras filas de un campo que se encontraba poblado hasta el último centímetro cuadrado. Cuando para alivio del público la banda retomó su lugar, se transformó ya en un tren imparable de fuego y distorsión que lucía ajustadísimo no sólo en la ejecución de los músicos entre sí, sino también en la sincronización de los efectos de fuego y pirotecnia con la música, a punto tal que las llamaradas podrían ser ya el séptimo integrante de Rammstein. Llamó la atención, entonces, la ausencia de una pantalla gigante, tan frecuentes en los últimos tiempos, que acompañase semejante despliegue escénico y que permitiera a los plateístas divisar con más claridad lo que sucedía en el, para ellos, lejano escenario.


Uno tras otro, entonces, se fueron alternando viejos y no tan viejos clásicos de la banda (desde Du Riescht So Gut, del primer disco a Benzin del penúltimo, pasando por el infaltable Du Hast), con las canciones de su último trabajo (entre las que se destacó la emotiva Fruhling In Paris). Cada uno de los temas presentando un recurso escenístico o pirotécnico particular en perfecta sincronía con lo que sonaba, resultando de esa manera, más que un adorno, un complemento a la interpretación de cada uno de los temas. Pasaron así llamaradas, lluvia de chispas, la genial olla caníbal de Mein Teil, fuegos de artificio que volaron sobre la cabeza de la gente, lluvia de papelitos y los sorprendentes penes lanza chispas de Pussy. Todo esto con el gran Till Lindemann, frontman de la banda, como incólumne maestro de ceremonias, esbozando cada tanto un serio "gracias" ante la respuesta de la multitud, contando con la complicidad del tecladista Christian "Flake" Lorenz, como una especie de bufón y contraparte del cantante.
Pasó poco más de una hora de show hasta el consabido amague de despedida, para en poco tiempo después regresar con un largo set de bises, cerrando en un final a toda orquesta con Te Quiero Puta!, todo un guiño para el coreo y el deleite del público en su gira latinoamericana. Terminó, como todas las cosas buenas, dejando a la gente con ganas de más, quizás también por algún que otro clásico de la discografía del grupo faltante en la lista de temas. De todas maneras, la multitud que lentamente abandonaba la cancha de Racing para emprender el regreso seguramente guardará por largo tiempo en sus oídos y sus pupilas el estruendo y las imágenes dejados por la que, ojalá, no sea la última visita de Rammstein a la Argentina.

Crónica: Loco Parodi
Fotos: La Web

martes, abril 12, 2011

Iron Maiden - Estadio Vélez Sarsfield - Buenos Aires - 08/04/2011


Con puntualidad inglesa, a las 9 y cuarto de la noche las luces del José Amalfitani se apagaron para dejar sólo el fondo símil cielo estrellado que, acorde con la temática de su último disco, preparó Iron Maiden para su nuevo desembarco en Argentina. Así, cuando todavía muchos de los que se colgaron tomando la última cerveza por las calles de Liniers seguían entrando al estadio, largó -a un volumen considerablemente bajo- Satellite 15, tema introductorio de The Final Frontier, la placa que trajo a la Doncella de Hierro una vez más frente al público argentino.


A partir de acá, vale una observación. Llamó la atención de este cronista cómo gran parte del público, si bien evidentemente disfrutaba del recital, parecía sólo esperar que la banda entregara los clásicos que preparó para la ocasión para saltar, gritar y realizar los clásicos coreos de las partes de guitarra por los que la hinchada argentina es tan célebre entre las bandas de estadios. Así, fueron tratados casi con indiferencia grandes temas que componen esta nueva etapa de Maiden desde el regreso de Bruce Dickinson, pese a tratarse de grandes obras como la contundente canción que da nombre al más reciente disco y que fue la encargada de abrir el show luego de la intro de rigor, o la emotiva (y casi profética si leemos la letra) Where The Wild Wind Blows.
La banda, a lo mejor tomando conciencia de la recepción que tienen las canciones que cimentaron su historia como gigantes del metal, decidió entonces justamente ir mechando, barajando los temas infaltables (aunque un par se echaron de menos, como Run To The Hills o Aces High), entremezclados entre los temas de la última década, entre los cuales obviamente fueron mayoría los de su larga duración del año pasado.
Los viejitos se la bancan, y además de tocar mucho y bien -fueron 2 horas casi exactas de una ejecución precisa, casi de relojería de las canciones-, le ponen el cuerpo a la situación, especialmente el ya nombrado Dickinson, con sus corridas por la planta baja y el primer piso del escenario (todo eso sin pifiar una nota, y después de haber piloteado el avión que los lleva por todo el mundo, lo que se dice un frontman completito); y el violero Janick Gers, encargado de desplegar una interminable pirotecnia visual de piruetas, patadas y solos a la velocidad del rayo.


Impecable la puesta en escena, que además de estar respaldada por la escenografía espacial-futurista que le sirve de temática en esta gira, fue complementada por sucesivos telones de fondo para las canciones que ilustraban de manera espectacular aquellas canciones que contaban con una temática determinada (imposible no sentir la adrenalina subiendo al descubrir el telón con la ya mítica figura de The Trooper). Parte también de la puesta visual fueron dos versiones diferentes de Eddie, uno de unos 3 metros de alto que interactuó con los músicos, y que incluso se calzó una guitarra y por un rato además de la mascota fue el cuarto violero de Maiden. Su segunda aparición, más adelante en el recital, fue en forma de cabeza y manos gigantes (gigantes en serio, eh) que acechaba a músicos y audiencia desde la parte de atrás del escenario. Lamentablemente, no fue tan impecable la puesta sonora, que además del bajo volumen con el que contó al principio y que fue gradualmente mejorando, por momentos registraba subidas y bajadas bruscas del volumen de algún instrumento, como si todavía se estuvieran haciendo correcciones de último momento.


De todas maneras, poco le importó esto a las casi 45 mil almas sedientas de metal que agitaron los cimientos de la cancha de Vélez, que corearon hasta el final que llegó con Running Free, que se desvivió para que, como aclaró el mismo Dickinson mientras observaba casi maravillado a la hinchada corear el famoso "Iron Maiden es un sentimiento, no puedo parar", la para Argentina sea el material fundamental del DVD en vivo que están preparando y cuya prueba fueron la gran cantidad de cámaras que registraron cada detalle. Así, y como seguramente sucedió tras los recitales de AC/DC, la despedida de las sudorosas pero contentas huestes metaleras fue: "nos vemos en el DVD".

Crónica: Luis Parodi

Fotos: Web

miércoles, octubre 14, 2015

Blur - Plaza de la Música - Córdoba, Argentina - 10/10/2015



No hay otra manera...


Para el momento en el que hicimos nuestro ingreso en el recinto de la "Plaza de la Música" (seguirá siendo "La Vieja Usina" en nuestro inconsciente, de acá a muchos años), el señor Juan Ingaramo y su banda ya se encontraban ejecutando su set desde el escenario, pero lo más llamativo fue lo raleado de la concurrencia del público a esa hora, cuando supuestamente menos de una hora nos separaba del show de una banda clave para más de una generación, como lo ha sido y lo sigue siendo Blur.


Las canciones de Juan Ingaramo sirvieron de alguna manera como banda de sonido de los diversos encuentros, las tensas esperas y la alegre impaciencia que se iban produciendo sobre la pista a medida que la misma se iba poblando. En una ciudad que recibió en su momento tanta influencia del britpop, y que aún sigue contando con varias bandas que se acercan al género, quizás llamó un poco la elección de un cantautor como acto de apertura de la velada. De más está decir que el show de Ingaramo fue por demás correcto y estuvo totalmente a la altura de la circunstancias, pero sigue siendo un misterio (por lo menos para este cronista) los criterios que se aplican a la hora de elegir los actos soporte de estos grandes shows.

Con puntualidad inglesa, y tal cual como se había anunciado, siendo apenas las 9:05 de la noche (ciertamente todavía cuesta acostumbrarse a esta era de shows tempraneros), la banda hizo su aparición en escena. No sólo los 4 muchachos que soñamos ver de chicos, sino que también acompañados por un tecladista, 3 ejecutantes de instrumentos de viento, y 4 coristas. La presencia de todos estos músicos complementarios auguraban un nivel de profundidad y fidelidad para con la música original, y fue definitivamente lo que sucedió, de punta a punta del show.

La celebración arrancó con Go Out del disco The Magic Whip, aquel que marcó el regreso a los LP después de más de una década. Inmediatamente, la nostalgia asestó su primer golpe a la mandíbula: desde la guitarra del retraído pero genial Graham Coxon comenzó a emanar el inconfundible riff que da comienzo a There´s No Other Way. Posiblemente, la situación para muchos de los que veíamos a Blur en vivo por primera vez, fue similar: el disparo inmediato del recuerdo de la primera vez que escuchamos esa canción. En la casa de un amigo, en un oscuro pub, en un ya extinto canal de videos, donde sea. 

Fue así como se fueron sucediendo, casi de manera intercalada, canciones representativas de cada uno de los momentos de esta gran banda, obviamente regalando algunos clásicos por el camino (como la genial y entrañable Coffee & TV), algunos temas menos difundidos pero que sin duda son el favorito personal de alguno de los asistentes (como Badhead, o Trimm Trabb), e incluso lugar para alguna que otra sorpresa, como el momento en el que tocaron Caravan, representante de Think Tank y por primera vez ejecutada con Graham en la banda. 


Durante toda la andadura del recital, algo que pudo percibirse desde el público (y confirmado también en la charla con quienes ya habían visto la banda) era el particular buen humor del que hacían gala estos cuatro muchachos, que por momentos parecían ser aquellos mismos chicos de Essex que se abrieron paso en el mundo a fuerza de grandes canciones. Las repetidas arengas de Damon, la sonrisa cómplice y permanente de Alex, la candorosa timidez de Graham a la hora de entonar estribillos que están grabados a fuego en una generación... todo pareció indicar lo cómodos que se encontraban al tocar -como el mismo Damon dijo- por primera vez en una ciudad que no fuera capital (asumimos acá que hacía referencia a esta gira en particular, o a sus visitas a sudamérica).

Luego de esa hermosa canción bajonera que es This Is A Low, la cosa no podía terminar así. Y no lo hizo, tras un no muy largo impasse, volvieron para los bises con una combinación impecable: Stereotypes, seguida por el más bailable de los temas del britpop (Girls & Boys), y un cierre a pura emotividad y piel de gallina con The Universal. 

Alegría. Nostalgia. Emoción. Pocas cosas más que pedir para un sábado a la noche en la capital cordobesa.


Crónica: Luis Parodi

Fotos: Matías Vercelli

martes, noviembre 05, 2013

Bulldog - Sábado 2/11/2013 - Refugio Guernica - Córdoba, Argentina




El sábado pasado, por la noche, nos dispusimos a cronicar una nueva visita de Bulldog a Córdoba. Ojo, que este “nueva” no confunda repetición con aburrimiento, o incluso desgaste. Aunque las visitas de Bulldog a Córdoba son ya casi religiosas (mínimo una vez por año, haya o no material para presentar, y algunos años más de una vez), no dejan de tener un soplo de frescura, de reencuentro con un público donde, a la vez que pueden verse muchas caras repetidas, también se encuentran aquellas caras ilusionadas, cantando a viva voz los temas que escuchó una y otra vez desde los auriculares en el colectivo, mientras miraba el paisaje pasar por la ventana.

A rigor de verdad, esta visita de Bulldog sí tuvo una excusa, y ella era nada menos que la presentación oficial de Ciudad Deseo, nuevo disco de la banda rosarina editado en Julio de este año. Bulldog es una banda prolífica, dentro de lo que puede considerarse el medio nacional. Acostumbra a tener un nuevo lanzamiento cada 1 o a lo sumo 2 años, pero en esta ocasión venían de tener un impasse de 4 años sin canciones nuevas, aprovechando los 20 años de la banda para reeditar material, tanto en estudio como en vivo. Es por ello que Ciudad Deseo era un disco muy esperado por los punk-rockers seguidores de la banda.
Este trabajo apunta a seguir una línea conceptual, enmarcada por las vivencias de cualquier persona en nuestro país, con dosis equilibradas de crítica social, y esperanza para poder, al menos, seguir vivo entre la vorágine. En realidad, se trata de un eje conceptual muchas veces referido por la banda, con particular hincapié en su discografía desde Circo Calesita a esta parte.

El show comenzó temprano, con los también rosarinos de Superavit pisando por primera vez suelo cordobés para mostrar lo suyo. Más tarde, los locales de Más Mentiras y Fondo Blanco fueron calentando la noche (y bancando el escaso público que suele adornar las previas de bandas principales) con sendas dosis de punk rock que tuvieron dos ejes en común: la participación de invitados, los cuales una vez terminada su participación volvían a ocupar su lugar como uno más del público (como para dejar una vez más en claro esa idea primigenia del Punk, la horizontalidad entre músico y público, en cualquier momento podés ser uno u el otro). La otra coincidencia fue la recurrencia de acertados covers que supieron agitar las hasta ese momento tranquilas huestes.

Cerca de las 3 de la madrugada fue el turno de Bulldog y, como era de esperarse, su setlist fue mechando las canciones de Ciudad Deseo con el resto de clásicos de su discografía. Y este es otro punto que se desprende de la prolificidad del grupo es el hecho de ir generando, disco a disco, nuevos clásicos que pasan a integrar la lista de infaltables en cada recital. Si bien, y como suele pasar en la mayoría de las bandas de punk argento, suelen ser los clásicos más viejos los más celebrados, es notorio cómo con el paso del tiempo tienen que ir cediendo su lugar por otras nuevas gemas que el paso de los discos ha sabido cosechar.

Y hablando de la frescura a la que nos referíamos al comienzo de la nota, la misma se aportó en gran parte desde el escenario. Los muchachos parecían estar distendidos, con muy buena onda y con muchas ganas de tocar. Entre las anécdotas pueden contarse la dedicatoria de un tema por parte de Wily, el guitarrista, para el abuelo de uno de los pibes del público que le había contado su historia particular; y el periplo de la gorra de nuestro reportero gráfico que, entusiasmado por la efervescencia del pogo, se mandó al mismo sin importar las consecuencias. Fue así que la gorra pasó de su cabeza, al suelo, a la cabeza de Mantu, el cantante de los Bulldog (que al poco tiempo decidió que no hacía juego con su chaleco repleto de tachas), revoleada al costado de la batería para, durante el final del show y mientras sonaban todavía los últimos acordes de Piu Avanti, volver a las manos de nuestro fotógrafo, quien hizo así valer esa célebre estrofa de “no te des por vencido ni aún vencido”.

Y así fue como llegó el final, volviendo a casa tarareando el estribillo de la canción que se haya quedado con nuestra memoria, y con la promesa del eterno retorno…


Crónica: Luis Parodi

Fotos: Raúl Ismael Isa